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SALCHICHALANDIA
 
 
 

Había una vez un país muy lejano, más allá de las estrellas llamado Salchichalandia. En él vivían muchas hadas de distintos colores, las había rosas, azules, verdes, violetas…, a las que les encantaban las salchichas.

 
 

En el país de Salchichalandia, los árboles no daban frutas sino salchichas, en las praderas florecían salchichas, las flores eran…¡salchichas!.Pero un día de tanto comer y comer se acabaron las salchichas y todas las hadas se pusieron muy nerviosas; entonces el hada jefe las convocó a todas en una reunión y pensaron y pensaron la forma de conseguir más salchichas.

 
 

Todas las noches las hadas salían a vigilar, y por detrás de las estrellas comprobaban que todos los niños se fueran pronto a la cama y durmieran toda la noche del tirón. Pero una noche comprobaron que unos niños no se habían dormido y estaban alborotando en su habitación. Entonces fueron volando desde más allá de las estrellas hasta su habitación y sin hacer ruido entraron a visitarlos.

 
 

Los niños se quedaron muy sorprendidos, pero ellas los tranquilizaron y los invitaron a que visitaran su país. Los niños entusiasmados aceptaron su invitación y las hadas los rociaron con polvos mágicos y se fueron volando y volando hasta más allá de las estrellas.

 
 

Cuando llegaron a Salchichalandia todas la hadas los recibieron con gran revuelo, y los llevaron hasta el centro de la plaza mayor. Allí había un gran pozo con una luz muy brillante dentro y el hada jefe les dijo: ¿Queréis llevaros de recuerdo a vuestra casa esa estrella tan brillante que hay en el fondo del pozo?, pues sólo tenéis que pasar por el túnel y alcanzarla. Los niños encantados dijeron ¡sí!, ¡sí! Y justo cuando atravesaban el túnel las hadas accionaron el botón del pozo, que en realidad se trataba de una enorme batidora y todas gritaron a la vez ¡SALCHICHAS!¡SALCHICHAS!. y trituraron a los niños convirtiéndolos en exquisitas salchichas.

 
 

Por eso hay que acostarse temprano y dormir toda la noche del tirón, porque si no vendrán las hadas y nos convertirán en salchichas.

 
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
 
 
Con mucho amor para Jesús y Carmen Prados, de Mamá.
 
 
 
 
 
Autor/a del cuento
©  Mª Carmen Fernández