P  U  B  L  I  C  I  D  A  D P  U  B  L  I  C  I  D  A  D
 
 
         
 
 
LA PRINCESITA SIN REINO
 
 
 
Toda niña puede ser una princesa, sin importar si tiene descendencia real o no.
 
Sin importa si sus padres son reyes o no.
 
No importa si tienen familia o no.
 
Todas las niñas pueden ser princesas con o sin reino.
 
Todas las niñas son princesas.
 
Solo necesitan creer que lo son…..
 

En medio de la noche….

En una gran ciudad, existe un gran y viejo edificio que alberga un orfanato, en una de las grandes habitaciones que dentro existen; dormían algunas pequeñas que descansaban de un largo día.

Pero sobre una de las camas había una pequeña tienda hecha con una sabanas, la cual se encontraba iluminada tenuemente desde el interior.

Dentro de aquella tienda se encontraba escondida una pequeña niña leyendo un viejo libro; un libro cuya cubierta y lomo desgastados por el paso del tiempo, de hojas amarillentas y letras apenas visibles.

No importando eso, aquel era un bonito libro en cuya portada difícilmente se podía notar el dibujo de un caballero y un princesa.

Hoja tras hoja la pequeña leía y leía sin parar sumergiéndose en un mundo fantástico, único y diferente; un mundo lleno de princesas, príncipes, caballeros, dragones, brujas y hadas.

Noche tras noche leía este viejo libro cómplice de muchas aventuras y deseos acompañada por su fiel oso de peluche, que sujetaba firmemente una pequeña lámpara para que su pequeña ama disfrutara su lectura tranquilamente.

No existía ninguna noche que no leyera aquel gran libro; leía, leía y leía sin pararcada cuento, cada aventura la hacía querer leer más y más, sus favoritos pronto fueron las historias en donde aparecían princesas.

Aquel libro tenía muchas historias de princesas, desde aquellas en las que la princesa tenía que ser salvada de un malvado monstruo, hasta en donde ellas tenía que salvar a un ser amado sacrificando todo lo que tenían sin importar que lo perdieran para siempre.

Leía y leía solamente se detenía cuando en el gran y viejo reloj de una antigua torre cercana marcaba la media noche, anunciada por una enorme campana de grave sonido que resonaba por todo el lugar.

Como si deseara que todo el mundo la escuchara en especial aquella inocente que soñaba despierta.

Cuando ella escuchaba el toque de la campana sabía que tenía que dejar de leer y esconder el libro junto con la lámpara.

Ya que a esa hora la institutriz de aquel orfanato, daba su ronda de media noche procurando que todas las niñas y niños estuvieran durmiendo tranquilamente en sus camas; para que así comenzaran los nuevos días descansados y llenos de energía.

Al paso de la institutriz la pequeña ya había guardado su gran e invaluable tesoro bajo su almohada para que así nadie se lo quitara y pudiera disfrutar otra noche más de buena lectura, soñando con aquellos lugares en donde habitaban las princesas y los valientes caballeros con los que tanto había soñado.

Una noche tras tanto leer llego a una página que le llamo la atención;
una página en la que estaba descrito el como debía de ser una verdadera princesa y
aquello que hacia una princesa ser una verdadera princesa.

La pequeña leía con cuidado cada palabra, cada párrafo sin perder ningún detalle de lo que ahí decía. Ya qué ella también quería ser un princesa.

Sabia muy dentro de sí que ella también era una princesa,
que sus padres eran reyes que la habían dejado en ese lugar desde bebe para protegerla de cualquier mal que la amenazara; para que la cuidaran y ninguna horrible criatura le hiciera daño.

Pero lo que ellos no sabían era que la institutriz era como una malvada bruja; tan estricta que la regañaba a cada rato y la castigaba por cosas sin sentido, tan malvada que no le permitía buscar a sus padres más allá de las grandes rejas del orfanato.

Con cada palabra que leía ella estaba mas y mas convencida que era una princesa.

Pero, ¿que necesitaba para ser una princesa?

Pues ella había sido resguardada en ese orfanato de apariencia semejante un viejo castillo, que realmente no era un orfanato sino un lugar en donde los reyes de todas partes del mundo escondían a sus hijos de aquellos malvados que querían dañarlos.
 
 
Tenía un largo y bonito cabello como las princesas de los cuentos.
Una dulce voz como nadie mas de sus compañeras.
Su piel tan suave y tersa como un melocotón.
Una linda mirada.
Sus padres eran reyes, de eso estaba segura


Por lo que lo único que le faltaba para ser una princesa era un gran vestido; el cual con gran esfuerzo e imaginación se hizo con las sabanas de su cama.

Una tiara que demostrase su realeza, la cual no logro hacerla ya que no consiguió con que hacerla; entonces se hizo una pequeña cola de caballo con una liga que según ella también había visto algunas princesas.

Así ella continuo imaginándose a sí misma como una princesa…
El orfanato repentinamente se convirtió en un gran y hermoso castillo de blancas paredes con columnas y pisos de blanco mármol; por los grandes ventanales se filtraba una enorme cantidad de luz y atreves de estas se podía apreciar un hermoso cielo azul salpicado con grandes nubes blancas como el algodón.

El enorme cuarto en el que dormían se convirtió en una gran habitación de una princesa…
su cama se volvió la cama más acogedora y grandiosa que nunca antes había sentido, con sabanas color crema y colchas tan grandes y gruesas que una sola bastaba para protegerla completamente del frío; las cuales estaban bellamente bordadas con imágenes a lucientes a la realeza de la pequeña niña.

Las paredes pintadas de blanco con los marcos de las puertas y ventanas de color rojo, verde y morado.

Cortinas de terciopelo naranja y una gran alfombra color rosa; su vestido hecho de sabanas se convirtió en un gran y majestuoso vestido color melón, en su cabello la liga se transformo en un gran moño de listón acompañada de una tiara que coronaban bellamente a esta pequeña princesa.

Se bajo de la cama y camino por toda la alfombra sintiendo con sus pies descalzos la gran suavidad y algunas cosquillas que le hacia esta, la sensación que ella sentía le era muy grata ya ya que nunca antes había caminado sobre una alfombra tan suave.

Camino hasta la gran puerta abriéndola con gran emoción descubriendo que aquella gran estancia que se encontraba siempre callada y fría ahora estaba llena de música y alegría, en ese momento era un gran salón de baile en donde se llevaba a cabo una gran fiesta de mascaras.

La pequeña estaba feliz ya que en aquella fiesta se encontraban todos sus amigos del orfanato vestidos como príncipes y princesas.

Cada uno con sus padres que como ella lo había imaginado eran reyes y reinas de diferentes partes del mundo.

Los padres abrazaban a sus hijos con gran amor y cariño, todos los niños y niñas habían encontrado a sus padres; sin embargo, ella aun no había visto a los suyos por lo que comenzó a buscar.

Buscaba y buscaba por todas partes deseando encontrar rápido a sus padres ya que se encontraba ansiosa de ver cómo eran los más grandes reyes de todos los tiempos, quería conocer a aquellas maravillosas personas que eran sus padres.

Cuando repentinamente del fondo de la habitación una dulce voz surgió que la llamaba por su nombre.

La dulce voz de una mujer que llamaba a la pequeña que fue acompañada pronto por la gruesa voz de un hombre que también le llamaba diciéndole “hija”.

A la pequeña se le dibujo una gran sonrisa de felicidad en su rostro, su corazón se lleno de emoción y sin pensarlo mucho corrió rápidamente abriéndose paso entre los presentes con la firme intención de conocer a sus padres, no había nada que la pudiera detener; nada que evitara que los conociera.

Pero justo antes de que llegara a donde ellos se encontraban, algo ocurrió.

Repentinamente las luces se apagaron asustando a los presentes; en el gran salón se podían escuchar algunos gritos de los pequeños asustados y a los padres intentando calmarlos, la pequeña solamente se quedo parada en su lugar a la expectativa de lo que ocurriría.

Las grandes puertas de la entrada y los ventanales se abrieron violentamente golpeados por una fuerte ráfaga viento proveniente del exterior que entro con tal impulso que casi tira a los invitados y casi rompe las vidrios.

El temor apenas comenzaba a apoderarse de la pequeña cuando se lleno de valor y continúo su camino hacia sus padres determinada a conocerlos a toda costa sin que nada la detuviera.

Pero poco antes de que llegara con ellos una gran e imponente bruja entro por la puerta caminando tranquilamente mirando a todos con sus ojos sombríos y negros como la mas profunda obscuridad, quien era seguida por varias sombras que iniciaron una gran persecución de todos los presentes en el salón; la pequeña aun así intento llegar a donde estaban sus padres.

Sin embargo…

Justo antes de llegar, a tan solo unos pasos de por fin ver a sus padres; una gran sombra se paro frente a ella impidiendo que los conociera.

La pequeña estaba muy asustada al tener a la temible sombra frente a ella, volteaba hacia todas partes viendo con horror como las sombras se apoderaban de todo el lugar convirtiendo aquel hermoso lugar en un horrendo edificio de negro color.

Aquel mágico lugar estaba regresando a ser el orfanato en el que ella vivía, las sombras se fusionaban con las cosas que tocaban; pronto en un abrir y cerrar de ojos todos los presentes junto con las sombras habían desaparecido.

Pero también, sus padres se habían ido.

La pequeña al mirar esto se hinco y comenzó a llorar, desconsolada ya que ahora nunca conocería a sus padres.

Aquel deseo tan fuerte que existía en su corazón no se cumpliría lo cual le causaba gran tristeza, en ese momento la gran bruja lentamente con grandes pasos que razonaban por todas partes se acerco a ella; la pequeña lentamente levanto la vista observando poco a poco al ser mas aterrador que ella jamás hubiera visto.

Dándose cuenta que aquella horrible bruja era su institutriz que en un movimiento inesperado la intento sujetar con unas grandes y huesudas manos, pero la pequeña hábilmente logro evitarlo al saltar hacia un costado comenzando a correr para entonces la bruja la comenzar a perseguirla por todas partes.


Aun quedaban algunos de los sombríos lacayos de la bruja, los cuales poco a poco se iban fusionando con las pocas cosas que quedaban desapareciendo junto con el castillo dejando solamente el gran salón vacío.

La niña corría huyendo de la gran bruja que la perseguía atravesando el gran salón, subió rápidamente por las grandes escaleras casi brincando los escalones; pero la bruja no parecía que le preocupara que huyera la pequeña ya que ella simplemente caminaba rápidamente.

Pronto desde la distancia se comenzó a escuchar el sonido del reloj que anunciaba como era costumbre la media noche, poco a poco las campanadas resonaban por todo el edificio.

La pequeña corrió y corrió hasta llegar a su habitación la cual aun permanecía como el cuarto de una princesa, sin embargo conforme se escuchaban las campanadas este volvía a ser el cuarto del orfanato; la pequeña se subió a su cama y se cubrió con sus cobijas esperando que la bruja no la encontrara.

Sujetaba fuertemente su libro junto con su oso de peluche, cerro sus ojos y temblando de miedo ella suplicaba se fuera la bruja y la dejara en paz.

Repentinamente unos pasos se escucharon acercándose desde la distancia, provenientes del pasillo, la puerta del dormitorio se abrió lentamente con un escalofriante rechinido e inmediatamente se escucho el sonido de los pasos resonantes cada vez mas cerca de donde la pequeña se encontraba.

Cada vez se escuchaban mas y mas cerca hasta que… se detuvieron a un costado de la cama de la pequeña.

Esto hizo que un gran escalofrío cruzara por todo su cuerpo debido a que ella tenia mucho miedo, sujeto con todas sus fuerzas su libro y su peluche mientras esperaba temerosa lo que parecía inevitable.

La última campanada del reloj se escucho desde la distancia y entonces, la manta salió volando por los aires dejando al descubierto a la pequeña que se encontraba acurrucada temblando de miedo y cuando ella abrió los ojos no vio a la bruja, sino a su institutriz.

Quien se notaba preocupada debido a los gritos que la pequeña estaba dando, ya que se encontraba durmiendo y al parecer tenia una pesadilla.

La pequeña al verla detenidamente, se percato que la institutriz estaba realmente preocupada por ella; quien rápidamente le reviso la temperatura, sus ojos y la abrazo preguntándole si se encontraba bien.

Ella estaba asombrada por la reacción de su cuidadora quien la abrazaba sintiendo una gran calma y ternura por parte de esta; la institutriz le preguntaba si se encontraba bien, si no le pasaba nada, a caso había tenido una pesadilla.

La pequeña con lágrimas en el rostro le respondió que no le sucedía nada, no tenía nada. Así al percatarse que todo había sido un sueño la pequeña sintió una mezcla de sentimientos entre tristeza y alegría.

Tristeza debido a su sueño roto de ser una princesa la cual aparentemente no era, pero alegría debido a que la que parecía ser una temible bruja sin corazón que solamente quería hacerle daño era todo lo contrario.

Aun hoy sigue leyendo aquel viejo libro todas las noches antes de dormir, pero ahora no lo hace sola; ya que aun la acompañada su fiel lámpara y su querido oso de peluche, solo que ahora.

También la acompañan sus amigas del orfanato y su institutriz, quién les lee alguna de aquellas bellas historias noche tras noche regalándoles a cada una de las niñas lindos sueños.

En los que ellas son las princesas de su propio reino, las heroínas de su propia aventura y las que algún día tendrán a su propias princesitas.

 
 
 
 
 
Autor/a del cuento
© Jorge Giovanni Vallejo López - 24 años